Ozempic Chic: el nuevo ideal de belleza que nadie está nombrando todavía

Ozempic Chic: el nuevo ideal de belleza que nadie está nombrando todavía

Por Lic. Carolina Pezzone — Nutricionista especialista en trastornos de la conducta alimentaria

Hubo una época en que la belleza se medía en huesos. Luego, brevemente, pareció que íbamos a escapar de esa trampa. Hoy estamos de vuelta, pero con jeringa.

Para entender dónde estamos hay que entender de dónde venimos.

Los 90: Heroin Chic

Kate Moss, Naomi Campbell, los pantalones a la cadera. El ideal era desaparecer. Cuanto menos cuerpo, mejor. Pálida, huesuda, ojerosa. La fragilidad como sinónimo de belleza. Una estética que romantizaba la apariencia de alguien consumido, que no comía, que no dormía, que no le importaba nada. En 1996 el presidente Clinton lo criticó públicamente porque glamorizaba las drogas y los trastornos alimentarios. Pero igual duró años más. Y dejó una marca profunda en toda una generación de mujeres que crecieron mirando esas tapas de revistas.

Los 2000 y 2010: Body Positive

La reacción llegó. Curvas, diversidad, todos los cuerpos válidos. Rihanna con su línea de lencería en talle grande, modelos plus size en las tapas, el movimiento que decía «amá tu cuerpo». Parecía un cambio cultural real. Y en parte lo fue. Pero no duró lo suficiente.

Hoy: Ozempic Chic

El ideal se sofisticó y se volvió más exigente que nunca. Ya no alcanza con ser delgada. Hay que ser delgada, tonificada, atlética y además parecer que no te esforzás. El cuerpo «natural» pero perfecto. Sin grasa pero con músculo. Con curvas pero sin panza. Y lo más perverso: se vende como salud. Ya no te dicen «tenés que ser flaca». Te dicen «tenés que estar sana». Pero el ideal visual que se muestra como saludable sigue siendo el mismo cuerpo de siempre. Solo que ahora viene en jeringa.

El Ozempic, diseñado para tratar la diabetes y la obesidad severa, se convirtió en el secreto a voces de la alfombra roja. Las celebrities lo usan para bajar cinco kilos y entrar en un vestido. Y en Argentina, donde muchas farmacias lo venden sin receta, el mensaje llegó fuerte y claro: el cuerpo es un problema que se resuelve con una inyección.

Las generaciones que lo vivieron todo

Las mujeres que hoy tienen entre 45 y 60 años, los Millennials, recibieron el golpe dos veces. De adolescentes vivieron el Heroin Chic en las tapas de las revistas. Ahí se formó su relación con el cuerpo. Después vino el Body Positive y parecía que algo había cambiado de verdad. Pero ahora abren Instagram y ven mujeres de su edad perfectas, tonificadas, sin panza. Sin casi haber tenido respiro en el medio.

La Generación Z, los nacidos después de 1997, nunca conocieron otro mundo. No hubo un antes sin redes, sin filtros, sin comparación constante. Para ellas la presión no es un regreso. Es el único paisaje que conocieron siempre.

Los números que no podemos ignorar

Argentina es el segundo país del mundo con más trastornos de la conducta alimentaria, después de Japón y Corea. En 2020, según estadísticas de ALUBA, había problemas de alimentación en una de cada tres mujeres de entre 10 y 24 años. Hoy esa estadística bajó a los ocho años. Ocho años. Y ya no es solo un tema femenino: antes había un varón cada siete mujeres con trastornos. Hoy, uno cada tres.

La anorexia nerviosa tiene la tasa de mortalidad más alta de todas las enfermedades psiquiátricas. No solo por desnutrición. También por fallas cardíacas, porque el corazón es un músculo y cuando el cuerpo no tiene nutrientes empieza a consumirse a sí mismo. Y también por suicidio, un dato que pocas veces se menciona pero que es parte brutal de esta enfermedad.

La paradoja del músculo

Acá está la contradicción más cruel del Ozempic Chic. El ideal exige estar tonificada. Pero la restricción alimentaria destruye exactamente eso: el músculo.

No se puede construir masa muscular sin comer. Son biológicamente incompatibles. El músculo necesita proteínas, necesita calorías, necesita nutrientes. Cuando el cuerpo no los recibe en cantidad suficiente, no se queda quieto. Empieza a buscar energía en otro lado. Primero consume el glucógeno. Después la grasa. Y cuando no alcanza, va por el músculo.

Muchas personas hoy están en ese lugar sin saberlo. Entrenando fuerte, comiendo poco, creyendo que están siendo saludables cuando en realidad se están dañando. El resultado visible es ese cuerpo «tonificado» que se busca. El resultado invisible es una pérdida de masa muscular que va a pasar factura, especialmente en mujeres mayores de 40, donde preservar el músculo es fundamental para prevenir fracturas, caídas y pérdida de autonomía.

Y cuando la restricción es extrema y prolongada, el cuerpo va más lejos todavía. Empieza a consumir las vísceras. El corazón, el hígado, los riñones. Órganos que no se recuperan con la misma facilidad que el músculo. Ese es el final del camino de la delgadez extrema. Y es irreversible.

Lo que el ayuno no puede darte

El ayuno se instaló como tendencia de salud. Y hay contextos donde tiene sentido. Pero como estrategia para adelgazar en personas que además quieren estar tonificadas, es contraproducente.

El organismo en ayuno no discrimina. Consume lo que tiene disponible. Y sin el aporte constante de proteínas, vitaminas, minerales y micronutrientes esenciales, el músculo no se construye ni se mantiene. La masa ósea se debilita. El sistema inmune se compromete. El cabello cae. Las hormonas se desregulan. El cerebro funciona con menos recursos.

La restricción calórica severa tampoco es neutral a nivel neurológico. El ayuno prolongado eleva el cortisol y en algunas personas genera un estado de alerta y euforia que se vuelve adictivo. El cerebro empieza a liberar dopamina con la restricción, no con la alimentación. La resistencia se convierte en la recompensa. Y ahí, sin que nadie lo planifique, empieza un trastorno de la conducta alimentaria.

Esto no significa que el ayuno intermitente sea malo en sí mismo. Como estrategia nutricional, con indicación y seguimiento profesional, puede tener beneficios reales en determinados perfiles de pacientes. La diferencia está exactamente ahí: en que sea una herramienta elegida con criterio clínico, adaptada a esa persona en particular, y monitoreada en el tiempo. No una tendencia que se copia de Instagram sin saber si aplica a tu caso, a tu historial, a tu relación con la comida.

El ayuno intermitente sin supervisión en una persona con vulnerabilidad para trastornos alimentarios puede ser el disparador que encienda exactamente ese circuito neurológico del que hablamos antes. Por eso el orden importa: primero el diagnóstico, después la herramienta.

Por qué el diagnóstico lo cambia todo

No todas las personas que tienen una relación complicada con la comida son iguales. Algunas comen de más por hábito o contexto. Otras en respuesta a emociones. Otras tienen un componente adictivo real donde ciertos alimentos activan el circuito dopaminérgico de la misma manera que una sustancia. Y otras restringen porque la restricción les genera ese placer neurológico del que hablamos.

Si no sabés cuál es tu caso, cualquier intento de cambio va a fracasar. Porque estás tratando el síntoma sin tocar la causa. El 80 al 95% de las dietas convencionales fracasan no porque las personas no tengan voluntad. Sino porque el diagnóstico estaba mal desde el principio.

El cambio real empieza con una pregunta distinta. No «¿cuánto tenés que bajar?» sino «¿por qué comés o restringís como lo hacés vos, en particular?» Recién después tiene sentido hablar de un plan.

Para cerrar

Lo que me preocupa después de 18 años trabajando esto es que siempre hay un ideal nuevo. Y siempre hay mujeres que se lastiman persiguiéndolo. Con el Heroin Chic en los 90, con el Body Positive que duró poco, y ahora con el Ozempic Chic. La pantalla cambia, la presión no.

La pregunta que vale la pena hacerse no es cómo entrar en ese ideal. Es cuándo fue la última vez que te miraste al espejo sin juzgarte. Porque si te cuesta recordarlo, algo de todo esto ya te llegó.

Y si ese algo ya tiene nombre, ya tiene historia, ya tiene un peso que se siente todos los días, hay ayuda. Y existe antes de que sea una urgencia.

Lic. Carolina Pezzone — Nutricionista especialista en trastornos de la conducta alimentaria
MN 4961 / MP 4793  |  www.semanalight.com

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